Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas

Por Eso Muero Más

No me gustan las películas de acción,  ni los malabaristas en los semáforos,  no uso corbata,  ni pretendo escribir  una letanía de mis miedos;  por eso muero más. No asisto a los cumpleaños,  ni me acuesto en los campos verdes,  no he escuchado como  las cigarras cantan su  monótona canción en primavera;  por eso muero más. No he enterrado en un recuerdo la pasión,  ni voy a la playa en verano,  no he plantado tulipanes  en jardines robustos de melancolía;  por eso muero más. No he escrito poemas  para que vengan a leerlos los académicos,  no siento marchitarse  las miradas en los encuentros,  ni cuento las colillas  de mi obeso cenicero;  por eso muero más. No toco las puertas que me cierran,  ni sé como despedirme,  he luchado por causas pérdidas,  no reclamo al silencio más palabras,  ni exijo cuotas...

Una Tormenta Necesaria

Ha caído una tormenta necesaria,  ha venido el frío a recordarme  la apacible soledad.  Siempre espero que la lluvia  me lave las heridas,  he sentido el peso  de toda mi vida sentarse  sobre mis hombros  y no he podido reconocerte  amor en mis manos.  Las palabras golpean mi silencio  y en bailes siniestros  de olvidos y recuerdos  se ríen en plena oscuridad.  Siempre he tenido esa necesidad  de buscarte en los calendarios,  de reclamarte los besos  que deje escapar en otras bocas,  de llamarte augurio y martirio matinal. Y sigo escribiendo tristes poemas  sin que vengas a leerlos,  sin que siembren en ti  alguna promesa nueva,  sin que puedan mostrarte que sigo de pie  esperando tu abrazo.

Dame tu beso

Dame tu beso  para confundir el cielo con tus labios dame tu beso esta noche que los aullidos de lobos no cesan. Dame tu beso y que me sirva de abrigo en terribles mañanas de invierno gélido, dime palabras pequeñas para mi desgastado y torpe corazón.  Dame tu beso y deja que las prisas se amotinen en nuestro abrazo, deja que te vea a través del cristal de tus pupilas.  Dame tu beso y viajemos al Oz a cumplir las promesas del amor.

Débil Carmín

Agonizaba la luz en nuestros ojos, te acercaste a mis ansias y en un abrazo sordo fundimos nuestras almas. Luego sobrevino la calma que precede a los grandes momentos, no hubo palabras; en silencio me fui acercando a tu rostro que palidecía ante la espera, agoté todos mis recursos y aventuré una ultima mirada antes de cerrar mis ojos y hundirme en tus labios de débil carmín. No pensamos en el tiempo, se creo entre nosotros un vinculo de pasiones que quiso ser manantial entre dos seres; luego con gesto de timidez te escondiste en mi pecho. La noche empezaba a ser porvenir y olvidamos decirnos un adjetivo que sustentara aquel encuentro; tan solo sentimos la cercanía de estar ardiendo en la llama de un paraíso prohibido.

Eres

Eres el instante antes de dormir, el sueño del que quisiera no despertar, la historia que nunca viví; la respuesta que siempre busqué. Eres esa llama del candelabro en oscuras noches de insomnio; eres el deseo antes de la guerra. Eres los días bañados de abril, el perfume de tu piel trae alivio cada vez que a mi lado pasas. Tus labios son el abismo más profundo, donde mi aliento quisiera descansar. Eres las palabras que se gastan cuando de frente te asomas a mi desolada vida, cuando eres misterio y rocío otoñal en la mañana. Eres la mujer que sin querer he conocido, esa que en el pretérito siempre imagine sin saber si quiera tu nombre. Eres los ojos después del amor, cuando el silencio se apodera de mi alma, cuando no eres más que un futuro inconcluso y un pecado que no me atreví a cometer.

Fue Ella

Si mañana muero y tienen el disgusto de enterrar estos huesos y estas carnes, que ya antes de ser cadaver están tan descompuestas, tengan en bien saber que no fui yo quien termino con mi vida, fue ella. Fue ella quien puso en mis labios el deseo, el pecado y aquel adiós que aún después de muerto seguirá doliendo. Fue ella quien me entrego a la muerte, con sus silencios y desaires. Ya el tiempo estará en otros calendarios y la soledad que llenará mi rostro pálido tan solo vendrá a confirmar la palidez de aquella última página donde nunca supe escribir adiós.

Prediscible Locura

En esta unión de olvidos y reproches encontré un viejo recuerdo, recuerdo lleno de hastío y nostalgias. Ví morir el mañana en cada noche que ignoraste mi penar, con ese silencio mortal ahogaste mi pasión. La canción que tocó mi corazón se fue llenando de palabras muertas, de rencores varios y futuros sin tu nombre. La esquina del bar fue testigo de mis reclamos, las ilusiones volaron a otras latitudes. Ahora tengo el carmesí de otros labios estampado en los ojos, sin embargo vuelvo a recordarte en noches como esta, llena de delirios y barro. Con sangre, sudor y amarguras impregno esos recuerdos imposibles. Por las calles arrastro el eco de tu respirar, para ocultarlo en el calor de otros brazos llenos de piedad. Prediscible locura fue llamar amor a esta unión de olvidos y reproches.

Tengo

Tengo los ojos llenos de ayer, la espalda rota de bahías blancas y las manos obedientes de tanto rezar en voz baja. Tengo la mañana incrustada en los pies, el llanto seco de tanto verte partir, el pecho frio de la espera impaciente. Tengo llenos los almanaques de postales viejas, de vaho de otros inviernos, las pasiones están en huelga y el cenicero sigue engordando penas. Tengo los ojos puestos en el porvenir, que te crea a imagen y semejanza de abriles. Tengo la esperanza depositada en un reloj de arena. Tengo un sueño despierto al mediodía, clavado en preguntas varias. Tengo el final inventado, las horas llenas de libertad y prisas; tengo esta pobre duda de no saberte más mi cielo. Tengo mil nombres como llamarte y cien reproches como olvidarte. Tengo el odio en tu cintura y la primavera con sus amores evitándose soluciones. Tengo ganas de hallar en una servilleta tu nueva dirección. Tengo pasos de ida y vuelta, tengo el silencio y no tengo...

Concierto de caricias

Yo me tuve que marchar, en aquel concierto de caricias mis manos sobraban. En más de un abismo te reconocí cómplice, en más de algún silencio te adivine fugitiva. Siempre buscando una razón para conjugar los pronombres de manera ascendente. Poniendo algún misterio en cada encuentro, llenando el calendario de otras miradas. Tenía siempre una excusa para no envejecer, yo mil razones para sentirme viejo. Fui rodando por las aceras, dejando cigarrillos humeantes en las veredas, castigando las manos, habitando en tercos enconos, sospechando del silencio: cuando todo estaba pasando. Yo me tuve que marchar, ya no tan lejos. La memoria siempre encuentra su manera de deshacer distancias, pero la noche siembra siempre un hasta luego, lo abona de mentiras y florece en primavera como un roble de dolores, dando frutos de desengaño.

Una Tarde En El Café

¿Azul turqueza? El color que vestías aquella tarde en el café, tarde de delirios estampados en los ojos, en la que arremetias silencios y sollozos reclamantes contra mis desprecios, ahora estamos llenos de aquella tarde. Tenías el animo en calma, la espera te había hecho un ser ausente del cotidiano andar de gentes sin rumbo, endulzastes tu café con desdén de acto protocolario, me distes unos caramelos, yo encendí un cigarrillo, te reistes por un momento. Nos sirvieron el postre, dejastes que el silencio se tragara las palabras. Mis ojos, ignorando tu mirada, se ocuparon del sabor del café; tu café agonizante de calor, se enfrió pronto. Te fuistes sin despedirte, solo recogistes tus silencios, tus olvidos y los últimos recuerdos compartidos. Aquella tarde en el café de azul turqueza tenías el alma; y con el llanto desbordado por tu ser desteñistes un arroyo de recuerdos que asfixió mi voz, dejando desde ...

Vení

Vení que te cuento las heridas, las flores marchitas suelen dar vida a otros seres. Vení que te tengo lo lunares en un vaso de ginebra, vení que te estoy esperando desde la última luna de miel. Vení que la noche avanza y el pasado esta muriendo a fuerza de silencios. Vení que estoy sediento de tu amor, vení que ya no somos pibes. Vení que te encuentro en todas partes, vení que te está borrando el sueño. Vení que estamos despiertos en medio de esta pesadilla. Vení que el reloj se detuvo en mis manos, vení que me encierro en tu recuerdo, vení que a este poema le hacen falta tus besos. Vení que las canciones no dejan de sonar y ya me aprendí las que te prometí. Vení que te necesito y vayamos juntos a comernos el adiós. Vení que te sigo espiando por la ventana de mis soledades, vení que se hace tarde. Vení que te cuento las heridas, vení para ponerle final a esta noch...

Rota la Memoria

Apareces inerte, sola, desposeída de la mano mía, cubierta de la soledad nuestra. Rota la memoria, quebrado el futuro. Llenas las bocas de besos paisajes, poblados los amaneceres de encuentros postizos. La piel enmudece venganzas, las lágrimas telón. Humo inclemente, deseo atrasado, marchito el reloj. Muerta la esperanza, dioses en quiebra, poetas en huelga, amores truncados. Odio enano, sentencia sin culpable, inocente perdido, perdón confuso. Rota la memoria, quebrado el futuro.

Prescindí

Prescindí de tus besos y tus llantos, llené de almanaques todos los estantes. Llené de silencio cada madrugada. Prescindí de tu mirada inquieta, de tus manos a destiempo. Alquilé un cuarto de hotel a tu salud. Prescindí de la luna y de las estaciones, de tus lunares, tu risa y tus olvidos. Busqué darte una canción muerta. Prescindí de tus esquinas y tus vocales, fui llenando un sobre con los besos que no quisiste, ayer se los entregue a una fulana que cobra a plazos y sin garantías. Fui dando tumbos por la acera de desaires que tu mirada sembraba en las mañanas. Hoy ya derrotado prescindí de tu recuerdo.

Tarde Postergada

La lluvia marca el fin del día y la noche extiende sus alas amenazantes, transmitiendo a mi piel espasmos por tu ausencia. En rincones maltrechos la oscuridad comienza hacer su jardín de memorias; abarcando los últimos espacios de claridad que se resisten a su final. Y comienzo a nombrarte silencio, a llamarte soledad, a decirte quedate. Aunque no seas más que un recuerdo malgastado en mi mente.  Ayer sembré un te quiero en el patio, para que vengas a verme y sepas donde hábito, hoy lo regué con promesas de poetas muertos. Sin embargo la tarde dicta su fin y sigo pensando en la tarde -otra tarde- en que vengas, y te asomes a verme mientras improviso estos versos. De momento sigue siendo una tarde postergada.

Sus Besos

Sus besos tenían pasado, edad, melancolía; dueño y fecha de caducidad. Tenían una primavera triste. Sus besos no eran magia, ni eran ternura. Eran un remolino de pasiones en defensa propia. Eran el mar después de verano, la noche vista desde el tejado. Sus besos querían romper mis huesos, dejarme en la calle pidiendo pan y poesía. Aventarme a la sima más profunda de otros otoños, traviesos y dispuestos a la guerra. Sus besos traían el misterio hasta mi mesa, el café por las mañanas y el descanso después de la jornada. Sus besos tenían, eran, querían y traían el mundo. Sin embargo terminaron llevándose el universo en sus labios.

El Rostro De La Muerte

Después de ver el desfile de cadáveres desde la ventana y con la puerta bien cerrada por si acaso. Después de sentarme a beber un licor en medio de la taberna más ruidosa de estos lares. Después de llenar de candados las manos y los besos, de mear detrás de un árbol, sin lavarme las manos. Después de brindar un "te quiero" impostor a la primera que tuvo el descaro de aguantarme. Después de llevar sangre a los cumpleaños y petardos a los velorios; después de malgastar las últimas páginas. Después de poblar la madrugada de cenizas y reproches, de andar de un lado a otro con los zapatos llenos de fango. Después de malvivir en los hoteles, en las esquinas y otros cementerios; ya imagino el rostro de la muerte al venir a recogerme y encontrarme con un cigarrillo en la boca y pidiendo unos minutos más hasta terminarlo.

La Última Despedida

Que la cruel duda no encuentre en ti razones. Que el tiempo se convierta en poemas y en canciones. Que los pasos sean lentos y las voces simple rumores. Que encuentres sueños y no busques otros amores. Que venga la felicidad envuelta en cada beso, como quimera. Que se mude el invierno y se quede la primavera. Pero deten la tristeza; que no es la última despedida.

No Lo Llores de Memoria

Anda que ya es la hora de partir. No te detengas a ver el diluvio de insultos, no le hagas un guiño al recuerdo. Vete por la estrecha vereda de las promesas incumplidas, lanza por la borda las maletas y los sueños. Mira de lejos este cadaver prematuro, no sentencies las pupilas a dejar borroso el último recuerdo. Quema el pasado, derrocha el odio en mi cuerpo, habla despacio y con certeza, no intentes ordenar el desorden. No me digas que el destino incoherente se encargará de acercar nuestros pasos de nuevo, ya no mientas, que no te creo. Llora si quieres; llora de alegría, de impotencia, de hastío, de cansancio, pero no lo llores de memoria.

Manifiesto Sentimental

Los besos se pudren, la alquimia acabó por devorar los pasos, el tiempo supo anidar su arena en otros desiertos poblados de vagos recuerdos. Las agujas de un terco reloj atrajo a su red un pez sin apetito, las cumbres se han vestido de noche, los días marchan tristes y los litigios amorosos se estrechan contra las paredes de iglesias. El resumidero de las penas se ha vaciado; dejando sus olores en las palabras. El pronto se seco y se harto de cabalgar en las mejillas disfrazado de lágrimas. Pelotones completos de sentimientos marchan al paredón de los porvenires marchitos, una bestia llena de colmillos y bocas famélicas se alimento de nuestras memorias. Este manifiesto sentimental anoche vino a llevarse las últimas gotas de lujuria, lejos han quedado tu mirada y la mía; en el horizonte puso su bandera y nuestras cabezas como dianas para un francotirador. 

Ya No Existo

Enciendo un cigarrillo y bostezo sueños antes de dormir, me pago un viaje en hojas amarillas y vuelvo con la lluvia. Recorro los pasillos de las funerarias cantando Peces de Ciudad, abandono los encendedores en los bares, me alejo de los autobuses. Me alquilo un cuarto de hotel y me juego el futuro a la carta mayor, desvelo las horas fumando desde otro rincón. Tomo tus fotografías y las entierro en el jardín, dejando que las abejas se lleven tu aroma y color a sus panales de miel amarga. Pongo tierra por medio a las noches que te nombran silencio y te gritan olvido, alimento el presente con los labiales de otras bocas. Las mañanas las lleno de páginas nuevas y rencores viejos, a la cajita de música que olvidaste en mi escritorio se le acabo la cuerda. No me quieras. Ni me busques, que ya no existo...