Que la cruel duda
no encuentre en ti
razones.
Que el tiempo
se convierta en poemas
y en canciones.
Que los pasos
sean lentos y las voces
simple rumores.
Que encuentres sueños
y no busques
otros amores.
Que venga la felicidad
envuelta en cada
beso, como quimera.
Que se mude
el invierno y se
quede la primavera.
Pero deten la
tristeza; que no
es la última despedida.
Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado. Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.
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