Ir al contenido principal

Tengo

Tengo los ojos llenos de ayer, la espalda rota de bahías blancas y las manos obedientes de tanto rezar en voz baja. Tengo la mañana incrustada en los pies, el llanto seco de tanto verte partir, el pecho frio de la espera impaciente.

Tengo llenos los almanaques de postales viejas, de vaho de otros inviernos, las pasiones están en huelga y el cenicero sigue engordando penas.

Tengo los ojos puestos en el porvenir, que te crea a imagen y semejanza de abriles. Tengo la esperanza depositada en un reloj de arena. Tengo un sueño despierto al mediodía, clavado en preguntas varias.

Tengo el final inventado, las horas llenas de libertad y prisas; tengo esta pobre duda de no saberte más mi cielo. Tengo mil nombres como llamarte y cien reproches como olvidarte.

Tengo el odio en tu cintura y la primavera con sus amores evitándose soluciones. Tengo ganas de hallar en una servilleta tu nueva dirección. Tengo pasos de ida y vuelta, tengo el silencio y no tengo formas de encontrarte.

Tengo los ojos llenos de ayer, la espalda rota de bahías blancas y las manos obedientes de tanto rezar en voz baja. Tengo la mañana incrustada en los pies, el llanto seco de tanto verte partir, el pecho frio de la espera impaciente.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Identidades

Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado.  Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.

El Verdadero Asesino

Aquella noche el momento había llegado. Era tarde, las posibilidades saltaron de una maqueta de planes. Los asesinos con motivos son simples principiantes. Los que matan por odio, por instintos sexuales, los que matan por negocio, por celos, por envidia; incluso aquellos hipócritas que matan en defensa propia. Son simples principiantes, hermanos menores del asesino. El verdadero asesino es aquel que lo hace por placer. Por el deseo de estrangular una vida, por la satisfacción de cumplir una fantasía, por poner en marcha un macabro juego del gato y el ratón. Los asesinos en serie son adictos. Pero su móvil siempre es el mismo. Siguen patrones de conductas criminales, son condenados por una mente insatisfecha. Están los más bajos, los que matan por saciar sus fantasías sexuales. ¡Marginales!. Sin embargo el asesino verdadero es alguien común y corriente, alguien que no se ata a un deseo o una razón para matar. Todas esas ideas ...

Vení

Vení que te cuento las heridas, las flores marchitas suelen dar vida a otros seres. Vení que te tengo lo lunares en un vaso de ginebra, vení que te estoy esperando desde la última luna de miel. Vení que la noche avanza y el pasado esta muriendo a fuerza de silencios. Vení que estoy sediento de tu amor, vení que ya no somos pibes. Vení que te encuentro en todas partes, vení que te está borrando el sueño. Vení que estamos despiertos en medio de esta pesadilla. Vení que el reloj se detuvo en mis manos, vení que me encierro en tu recuerdo, vení que a este poema le hacen falta tus besos. Vení que las canciones no dejan de sonar y ya me aprendí las que te prometí. Vení que te necesito y vayamos juntos a comernos el adiós. Vení que te sigo espiando por la ventana de mis soledades, vení que se hace tarde. Vení que te cuento las heridas, vení para ponerle final a esta noch...