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El Maldito Olor De Las Velas

Llegar a casa. Comenzar a poner en orden parte del desastre, los disturbios ocasionados por los deudos, sillas desordenadas, restos de basura por todos lados y el desagradable olor a velas. Todo esto pudo ser evitado, si tan solo parte de los últimos deseos de mi madre no hubiera sido que su velatorio tenía que hacerse en casa. Pero no, la vieja quiso que esta escena lúgubre e incomoda se hiciera acá. Pero más allá de este desorden -que de a poco se despeja- están las cosas emocionales, ese caer a la realidad y saber que no hay nada más que hacer, que ya no existe forma de acercarse a ella para pedirle un consejo (que casi siempre tenía tono de regaño o de reproche); después de todo, ya era el único de sus hijos que había quedado a su lado, los demás habían asumido ya la tortuosa tarea de construir su "propio hogar", y no digo esto a forma de queja, de ninguna manera, espero se entienda que lo menciono porque ahora el impacto en mis huesos tiene una cuota mayor de pena. ...

Fue así

Su mirada decía cosas que mis fatigadas manos no sabían escribir, sus besos eran suaves, tiernos, escondían un universo de alegrías.  Fue así como descubrí que las prisas son innecesarias, fue así como vi el mundo a través del brillo de un lucero, ella lo llamaba su mirada.  Desde ese día supe que no sera el astro rey quien ilumine mis pasos, desde ese día deje que sus ojos me alumbraran el camino.

¿Después?

¿Después? ¿Qué habrá después de estos silencios habitados de soledad?  Siempre he creído que el olvido es una palabra utópica. Una quimera para los enamorados. ¿Quién ha sido capaz de olvidar?  ¡Nadie!  Siempre hay un recuerdo donde habitar, una excusa donde regresar y unos labios prohibidos de razones. Ya este adiós largo se cubre de nieve, destruye el corazón y detiene el pronto.

Identidades

Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado.  Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.

Ya Su Silueta Viene A Mi

Ya su silueta viene a mi, cargada de insomnios y virtudes varias. Llena de olivos en la sien, repletas las manos de caricias verdaderas. Viene y me desentona el orgullo, viene y su presencia de mujer delgada en la cintura me absorbe de golpe la humanidad. Y yo que siempre he preferido sentirme impropio en sus labios encontré mi reposo y mi identidad. Puesto a decidir entre la vida y sus ojos me vi envuelto en su pecho de ave en vuelo, sabiendo que en su noche mis días tienen sentido. Ya su silueta viene a mi, me abraza con besos y me pone una canción con sones caribeños en la mente, quizás sea delirio de primavera, quizás sea deseo a destiempo, lo cierto es que en sus brazos el invierno estalla de alegría. La veo venir y se desborda mi alma, es ella la dueña de mis versos y la que los pone a bailar de amor.

De Una Mujer

De una mujer nunca se vuelve intacto; siempre se traen memorias partidas y las manos vacías.  Existe siempre esa incertidumbre de lo que pudo ser, de si existe todavía aquel marchito árbol; de si las madrugadas sembraran mañanas algún día.  La huida de una mujer trae también dolores varios, nostalgias dispersas, lugares prohibidos; sueños muertos. De una mujer nunca se vuelve intacto, queda la casa huérfana y las ventanas parecen infinitamente pequeñas, el frío se atornilla en los huesos.  Es por eso que nunca se está preparado para empezar de cero; porque siempre se queda un poco, aunque ese poco sea alquimia de pasos, destellos de recuerdos hermosos que hieren.

Besos Descalzos

Besos descalzos  que jóvenes envejecieron  en nuestros labios.  Besos huérfanos de amor,  besos para aprender andar sin caminar.  Besos mojados de olvido y pasión,  besos sin futuro ni razón. Besos descalzos sobre las brasas del quizás,  aprendiendo a saltarse el invierno.  Besos para el sábado, con resaca el domingo.  Besos al rescate  de un corazón moribundo. Besos del pasado traidor,  del futuro incierto,  besos con fecha de vencimiento.  Besos al servicio de la patria,  besos del presente infeliz. Besos de hotel a oscuras,  besos sedientos de amor,  besos de simulacro en beneficio del placer.  Besos descalzos escritos en la pared.

Castillos de Arena

Había olvidado lo placentero que es estar sólo, porque aquella batalla de emociones (llamarlo relación siempre me ha parecido tan patético) había puesto el tablero en desorden.  Lo que ahora me inquieta son esas cosas triviales de los enamorados: las causas, los errores, los intentos fallidos, las promesas, la línea. Si; la línea divisoria entre lo que fue real y lo que vino a ser enteramente teatro.   ¡Ah! Pero tengo ventaja en estos asuntos. No es la primera vez que juego a descifrar estás cosas triviales. Y aunque en temas de amor jamás se tiene la suficiente experiencia; quiero hacerme a la idea que algo he aprendido de este rompecabezas de sentimientos. Por ahora quiero disfrutar del espacio y todo el tiempo que lamentablemente ahora sobra.  La felicidad al fin de cuentas y de rasguños es un castillo de arena en la playa; muy complicado de hacer y tan fácil de destruir. Basta con el simple y torpe movimiento de un pie harto de esfuerzos en vano.

Por Eso Muero Más

No me gustan las películas de acción,  ni los malabaristas en los semáforos,  no uso corbata,  ni pretendo escribir  una letanía de mis miedos;  por eso muero más. No asisto a los cumpleaños,  ni me acuesto en los campos verdes,  no he escuchado como  las cigarras cantan su  monótona canción en primavera;  por eso muero más. No he enterrado en un recuerdo la pasión,  ni voy a la playa en verano,  no he plantado tulipanes  en jardines robustos de melancolía;  por eso muero más. No he escrito poemas  para que vengan a leerlos los académicos,  no siento marchitarse  las miradas en los encuentros,  ni cuento las colillas  de mi obeso cenicero;  por eso muero más. No toco las puertas que me cierran,  ni sé como despedirme,  he luchado por causas pérdidas,  no reclamo al silencio más palabras,  ni exijo cuotas...

Una Tormenta Necesaria

Ha caído una tormenta necesaria,  ha venido el frío a recordarme  la apacible soledad.  Siempre espero que la lluvia  me lave las heridas,  he sentido el peso  de toda mi vida sentarse  sobre mis hombros  y no he podido reconocerte  amor en mis manos.  Las palabras golpean mi silencio  y en bailes siniestros  de olvidos y recuerdos  se ríen en plena oscuridad.  Siempre he tenido esa necesidad  de buscarte en los calendarios,  de reclamarte los besos  que deje escapar en otras bocas,  de llamarte augurio y martirio matinal. Y sigo escribiendo tristes poemas  sin que vengas a leerlos,  sin que siembren en ti  alguna promesa nueva,  sin que puedan mostrarte que sigo de pie  esperando tu abrazo.

Dame tu beso

Dame tu beso  para confundir el cielo con tus labios dame tu beso esta noche que los aullidos de lobos no cesan. Dame tu beso y que me sirva de abrigo en terribles mañanas de invierno gélido, dime palabras pequeñas para mi desgastado y torpe corazón.  Dame tu beso y deja que las prisas se amotinen en nuestro abrazo, deja que te vea a través del cristal de tus pupilas.  Dame tu beso y viajemos al Oz a cumplir las promesas del amor.

Débil Carmín

Agonizaba la luz en nuestros ojos, te acercaste a mis ansias y en un abrazo sordo fundimos nuestras almas. Luego sobrevino la calma que precede a los grandes momentos, no hubo palabras; en silencio me fui acercando a tu rostro que palidecía ante la espera, agoté todos mis recursos y aventuré una ultima mirada antes de cerrar mis ojos y hundirme en tus labios de débil carmín. No pensamos en el tiempo, se creo entre nosotros un vinculo de pasiones que quiso ser manantial entre dos seres; luego con gesto de timidez te escondiste en mi pecho. La noche empezaba a ser porvenir y olvidamos decirnos un adjetivo que sustentara aquel encuentro; tan solo sentimos la cercanía de estar ardiendo en la llama de un paraíso prohibido.

Eres

Eres el instante antes de dormir, el sueño del que quisiera no despertar, la historia que nunca viví; la respuesta que siempre busqué. Eres esa llama del candelabro en oscuras noches de insomnio; eres el deseo antes de la guerra. Eres los días bañados de abril, el perfume de tu piel trae alivio cada vez que a mi lado pasas. Tus labios son el abismo más profundo, donde mi aliento quisiera descansar. Eres las palabras que se gastan cuando de frente te asomas a mi desolada vida, cuando eres misterio y rocío otoñal en la mañana. Eres la mujer que sin querer he conocido, esa que en el pretérito siempre imagine sin saber si quiera tu nombre. Eres los ojos después del amor, cuando el silencio se apodera de mi alma, cuando no eres más que un futuro inconcluso y un pecado que no me atreví a cometer.

Fue Ella

Si mañana muero y tienen el disgusto de enterrar estos huesos y estas carnes, que ya antes de ser cadaver están tan descompuestas, tengan en bien saber que no fui yo quien termino con mi vida, fue ella. Fue ella quien puso en mis labios el deseo, el pecado y aquel adiós que aún después de muerto seguirá doliendo. Fue ella quien me entrego a la muerte, con sus silencios y desaires. Ya el tiempo estará en otros calendarios y la soledad que llenará mi rostro pálido tan solo vendrá a confirmar la palidez de aquella última página donde nunca supe escribir adiós.

Prediscible Locura

En esta unión de olvidos y reproches encontré un viejo recuerdo, recuerdo lleno de hastío y nostalgias. Ví morir el mañana en cada noche que ignoraste mi penar, con ese silencio mortal ahogaste mi pasión. La canción que tocó mi corazón se fue llenando de palabras muertas, de rencores varios y futuros sin tu nombre. La esquina del bar fue testigo de mis reclamos, las ilusiones volaron a otras latitudes. Ahora tengo el carmesí de otros labios estampado en los ojos, sin embargo vuelvo a recordarte en noches como esta, llena de delirios y barro. Con sangre, sudor y amarguras impregno esos recuerdos imposibles. Por las calles arrastro el eco de tu respirar, para ocultarlo en el calor de otros brazos llenos de piedad. Prediscible locura fue llamar amor a esta unión de olvidos y reproches.

Tengo

Tengo los ojos llenos de ayer, la espalda rota de bahías blancas y las manos obedientes de tanto rezar en voz baja. Tengo la mañana incrustada en los pies, el llanto seco de tanto verte partir, el pecho frio de la espera impaciente. Tengo llenos los almanaques de postales viejas, de vaho de otros inviernos, las pasiones están en huelga y el cenicero sigue engordando penas. Tengo los ojos puestos en el porvenir, que te crea a imagen y semejanza de abriles. Tengo la esperanza depositada en un reloj de arena. Tengo un sueño despierto al mediodía, clavado en preguntas varias. Tengo el final inventado, las horas llenas de libertad y prisas; tengo esta pobre duda de no saberte más mi cielo. Tengo mil nombres como llamarte y cien reproches como olvidarte. Tengo el odio en tu cintura y la primavera con sus amores evitándose soluciones. Tengo ganas de hallar en una servilleta tu nueva dirección. Tengo pasos de ida y vuelta, tengo el silencio y no tengo...

Concierto de caricias

Yo me tuve que marchar, en aquel concierto de caricias mis manos sobraban. En más de un abismo te reconocí cómplice, en más de algún silencio te adivine fugitiva. Siempre buscando una razón para conjugar los pronombres de manera ascendente. Poniendo algún misterio en cada encuentro, llenando el calendario de otras miradas. Tenía siempre una excusa para no envejecer, yo mil razones para sentirme viejo. Fui rodando por las aceras, dejando cigarrillos humeantes en las veredas, castigando las manos, habitando en tercos enconos, sospechando del silencio: cuando todo estaba pasando. Yo me tuve que marchar, ya no tan lejos. La memoria siempre encuentra su manera de deshacer distancias, pero la noche siembra siempre un hasta luego, lo abona de mentiras y florece en primavera como un roble de dolores, dando frutos de desengaño.

Una Tarde En El Café

¿Azul turqueza? El color que vestías aquella tarde en el café, tarde de delirios estampados en los ojos, en la que arremetias silencios y sollozos reclamantes contra mis desprecios, ahora estamos llenos de aquella tarde. Tenías el animo en calma, la espera te había hecho un ser ausente del cotidiano andar de gentes sin rumbo, endulzastes tu café con desdén de acto protocolario, me distes unos caramelos, yo encendí un cigarrillo, te reistes por un momento. Nos sirvieron el postre, dejastes que el silencio se tragara las palabras. Mis ojos, ignorando tu mirada, se ocuparon del sabor del café; tu café agonizante de calor, se enfrió pronto. Te fuistes sin despedirte, solo recogistes tus silencios, tus olvidos y los últimos recuerdos compartidos. Aquella tarde en el café de azul turqueza tenías el alma; y con el llanto desbordado por tu ser desteñistes un arroyo de recuerdos que asfixió mi voz, dejando desde ...

Siete horas antes de que se ponga el sol

Dejaré las huellas de una pasión que se ha marchitado en las manos, las postales de la niebla y el frío de la madrugada atado a su cuello. Me iré por un caminito de abril, dejando los besos amargos en otros labios, licenciando el olvido a quererte los domingos por la mañana. Aprenderé el noble arte de la contemplación sin posesión y ya no habrán más poemas nuevos, todos serán de otro tiempo, de un tiempo que duda: si crecer o echarse a llorar. El alquitrán sembrará de flema mi garganta, nadie vendrá a verme cuando este bajo tu cielo azul a fuerza de querencias, nadie sabrá cuanto quema la nostalgia. El milagro de los encuentros estarán en bancarrota, turbios marcharán los silencios por la Gran Vía, la noche se estampará en la espalda siete horas antes de que se ponga el sol.

Vení

Vení que te cuento las heridas, las flores marchitas suelen dar vida a otros seres. Vení que te tengo lo lunares en un vaso de ginebra, vení que te estoy esperando desde la última luna de miel. Vení que la noche avanza y el pasado esta muriendo a fuerza de silencios. Vení que estoy sediento de tu amor, vení que ya no somos pibes. Vení que te encuentro en todas partes, vení que te está borrando el sueño. Vení que estamos despiertos en medio de esta pesadilla. Vení que el reloj se detuvo en mis manos, vení que me encierro en tu recuerdo, vení que a este poema le hacen falta tus besos. Vení que las canciones no dejan de sonar y ya me aprendí las que te prometí. Vení que te necesito y vayamos juntos a comernos el adiós. Vení que te sigo espiando por la ventana de mis soledades, vení que se hace tarde. Vení que te cuento las heridas, vení para ponerle final a esta noch...