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Tarde Postergada

La lluvia marca el fin del día y la noche extiende sus alas amenazantes, transmitiendo a mi piel espasmos por tu ausencia. En rincones maltrechos la oscuridad comienza hacer su jardín de memorias; abarcando los últimos espacios de claridad que se resisten a su final. Y comienzo a nombrarte silencio, a llamarte soledad, a decirte quedate. Aunque no seas más que un recuerdo malgastado en mi mente.  Ayer sembré un te quiero en el patio, para que vengas a verme y sepas donde hábito, hoy lo regué con promesas de poetas muertos. Sin embargo la tarde dicta su fin y sigo pensando en la tarde -otra tarde- en que vengas, y te asomes a verme mientras improviso estos versos. De momento sigue siendo una tarde postergada.

Sus Besos

Sus besos tenían pasado, edad, melancolía; dueño y fecha de caducidad. Tenían una primavera triste. Sus besos no eran magia, ni eran ternura. Eran un remolino de pasiones en defensa propia. Eran el mar después de verano, la noche vista desde el tejado. Sus besos querían romper mis huesos, dejarme en la calle pidiendo pan y poesía. Aventarme a la sima más profunda de otros otoños, traviesos y dispuestos a la guerra. Sus besos traían el misterio hasta mi mesa, el café por las mañanas y el descanso después de la jornada. Sus besos tenían, eran, querían y traían el mundo. Sin embargo terminaron llevándose el universo en sus labios.

La Niña de las muñecas sin rostro

Hace algunos días tuve que verme en la dificil situacion de asistir un domingo al trabajo, estar entre aquellas cuatro paredes que sirven de mausoleo semanal un fin de semana es de las peores desgracias que un ser humano puede experimentar. Sin embargo hay cosas que siempre ayudan a tolerar las cargas y en esa ocasión era la música, a todo volumen para espantar las quejas. De pronto en el silencio que crea el cambio de una canción a otra, escuché un ruido, de los habituales que se crean al entrar en contacto algo humano con algún objeto inanimado. Volteé sigilosamente mi vista hacía la bodega, el ruido desapareció. Sin embargo no logré estar quieto. Volví a lo mio y cuando de nuevo la música dejo pasar el silencio -como si de una broma macabra se tratase- escuché el ruido de nuevo. Aquello me tenía perturbado y decidí echar una nueva mirada, esta vez desafiante y profunda a la bodega, el resultado fue igual al an...

El Rostro De La Muerte

Después de ver el desfile de cadáveres desde la ventana y con la puerta bien cerrada por si acaso. Después de sentarme a beber un licor en medio de la taberna más ruidosa de estos lares. Después de llenar de candados las manos y los besos, de mear detrás de un árbol, sin lavarme las manos. Después de brindar un "te quiero" impostor a la primera que tuvo el descaro de aguantarme. Después de llevar sangre a los cumpleaños y petardos a los velorios; después de malgastar las últimas páginas. Después de poblar la madrugada de cenizas y reproches, de andar de un lado a otro con los zapatos llenos de fango. Después de malvivir en los hoteles, en las esquinas y otros cementerios; ya imagino el rostro de la muerte al venir a recogerme y encontrarme con un cigarrillo en la boca y pidiendo unos minutos más hasta terminarlo.

La Última Despedida

Que la cruel duda no encuentre en ti razones. Que el tiempo se convierta en poemas y en canciones. Que los pasos sean lentos y las voces simple rumores. Que encuentres sueños y no busques otros amores. Que venga la felicidad envuelta en cada beso, como quimera. Que se mude el invierno y se quede la primavera. Pero deten la tristeza; que no es la última despedida.

No Lo Llores de Memoria

Anda que ya es la hora de partir. No te detengas a ver el diluvio de insultos, no le hagas un guiño al recuerdo. Vete por la estrecha vereda de las promesas incumplidas, lanza por la borda las maletas y los sueños. Mira de lejos este cadaver prematuro, no sentencies las pupilas a dejar borroso el último recuerdo. Quema el pasado, derrocha el odio en mi cuerpo, habla despacio y con certeza, no intentes ordenar el desorden. No me digas que el destino incoherente se encargará de acercar nuestros pasos de nuevo, ya no mientas, que no te creo. Llora si quieres; llora de alegría, de impotencia, de hastío, de cansancio, pero no lo llores de memoria.

Manifiesto Sentimental

Los besos se pudren, la alquimia acabó por devorar los pasos, el tiempo supo anidar su arena en otros desiertos poblados de vagos recuerdos. Las agujas de un terco reloj atrajo a su red un pez sin apetito, las cumbres se han vestido de noche, los días marchan tristes y los litigios amorosos se estrechan contra las paredes de iglesias. El resumidero de las penas se ha vaciado; dejando sus olores en las palabras. El pronto se seco y se harto de cabalgar en las mejillas disfrazado de lágrimas. Pelotones completos de sentimientos marchan al paredón de los porvenires marchitos, una bestia llena de colmillos y bocas famélicas se alimento de nuestras memorias. Este manifiesto sentimental anoche vino a llevarse las últimas gotas de lujuria, lejos han quedado tu mirada y la mía; en el horizonte puso su bandera y nuestras cabezas como dianas para un francotirador.