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La Soledad Que Construimos

Es la misma de ayer. Venimos vencidos, con sed, a beber de esta copa vacía.

Libres y atados. Con un museo de intentos fallidos. Vana gloria del guerrero que antes tenía enemigos y victorias. Y ahora que se alzan los muros con kilómetros de por medio, por si acaso, no queda honor en nuestras manos.

¿A que sabe la victoria? ¿A que sabe la derrota? No sé la diferencia. Ambas las celebro/lloro con vino.

Conocer los miedos fue el estallido de la locura. Admito que prefiero los detalles del principio, mejor sabían, que estos secretos atesorados en los labios.

Al fin de cuentas nadie conoce la soledad. Se acercan los pasos y se llenan los espacios con lo que a mano nos quede.

Sin embargo hemos elegido construir esta soledad; alimentarla con disimulos y compartirla con gente que esta sin estar.

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Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado.  Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.

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Vení

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