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Manifiesto Sentimental

Los besos se pudren, la alquimia acabó por devorar los pasos, el tiempo supo anidar su arena en otros desiertos poblados de vagos recuerdos. Las agujas de un terco reloj atrajo a su red un pez sin apetito, las cumbres se han vestido de noche, los días marchan tristes y los litigios amorosos se estrechan contra las paredes de iglesias. El resumidero de las penas se ha vaciado; dejando sus olores en las palabras. El pronto se seco y se harto de cabalgar en las mejillas disfrazado de lágrimas. Pelotones completos de sentimientos marchan al paredón de los porvenires marchitos, una bestia llena de colmillos y bocas famélicas se alimento de nuestras memorias. Este manifiesto sentimental anoche vino a llevarse las últimas gotas de lujuria, lejos han quedado tu mirada y la mía; en el horizonte puso su bandera y nuestras cabezas como dianas para un francotirador. 

Ya No Existo

Enciendo un cigarrillo y bostezo sueños antes de dormir, me pago un viaje en hojas amarillas y vuelvo con la lluvia. Recorro los pasillos de las funerarias cantando Peces de Ciudad, abandono los encendedores en los bares, me alejo de los autobuses. Me alquilo un cuarto de hotel y me juego el futuro a la carta mayor, desvelo las horas fumando desde otro rincón. Tomo tus fotografías y las entierro en el jardín, dejando que las abejas se lleven tu aroma y color a sus panales de miel amarga. Pongo tierra por medio a las noches que te nombran silencio y te gritan olvido, alimento el presente con los labiales de otras bocas. Las mañanas las lleno de páginas nuevas y rencores viejos, a la cajita de música que olvidaste en mi escritorio se le acabo la cuerda. No me quieras. Ni me busques, que ya no existo...

Matar Al Impostor

Deambular la noche, escribir con sangre en los cuadernos del pasado, buscar argumentos, matar al impostor. Alcanzar viejos sueños, atrapar una mariposa, construir nuevos puentes, sentenciar la madrugada a olvidar tu nombre. Leer las cartas y quemarlas despacio, borrar las galerias, morderse los labios, elegir otro cielo, llover la noche; quedarse callado. Salirse de uno, perderse en calles remotas y callejones oscuros, alzar la copa, decir mentiras con ternura. Prometer silencios, escribir poemas, dormir cuando no se pueda mirar atrás; ir a los despachos y las reuniones vestido de cicatrices frescas. Contaminar las miradas, abonar con lágrimas el mar, licenciar el deseo, condenar la pasión, matar -de nuevo- al impostor.

Escapar

De este silencio angustioso, de estos pasos sin destino, de este letargo de años amargos e impropios. De este viaje a los cementerios, de estos dos que fueron tormenta. Del vinagre y las canciones, de las caricias y los parques. De las noches y las camas, de los otoños y las manos; de las palabras y los rincones. De los ceniceros obesos y las cigüeñas con prisas. De las miradas discretas y los portones con letreros "Cuidado; perro bravo". De las cicatrices de la memoria y los deseos nocturnos. Del frío de los inviernos; de los recuerdos equivocados y las partituras fúnebres. Escapar a toda marcha, sin besos de despedida. Sin despueses, ni regresos.

¿Si en algún recuerdo me encuentras?

Abrazame... Lentamente sujeta mis manos y ponlas en tus caderas, agita mi memoria y sacude mis fantasmas. Devora las sombras y consume los rincones. Hazme el amor e inhala el humo de mi boca. ¿Si en algún recuerdo me encuentras? Háblame despacio, que ya habré olvidado tu voz y necesito recordarte despacio, dame tiempo a eregirte de la muerte, a despertarte de mis sueños, a saberte de nuevo a mi lado. Besa mis tristezas y ponlas a bailar en tu espalda, congela la agonía y derrama la luz de tu sexo en mi boca. No te detengas; sin embargo no vayas rapido, que ya mi osamenta de años aniquilados y yelmos triturados no son tan veloces. Enmudece ante mis ojos y dime que aún sueñas conmigo. Que te detienes en las aceras a decir mi nombre a los pájaros, que llevas mariposas suicidas en las manos. ¿Si en algún recuerdo me encuentras? Abrazame...

Extravíos

Cuando era niño soñaba con la adultez, ningún rastro de las penurias venideras encontrasen en mi ser. Uno idealiza ser mayor con la prosperidad, la felicidad y la comodidad de días alejados de las ordenes funestas. Se piensa que nada regirá la forma de ser, de vestirse, de cortarse el cabello, de atarse los cordones de los zapatos. Se afana la idea de ser libre. Dulces recuerdos importa mi mente de aquellos días, en los que andar descalzo en la calle resultaba el mayor acto de desobediencia concebible. Duro golpe es saber que aquello no era más que el acto natural de la humanidad de saciar la sed de estar en contra de la autoridad. Pero ya no soy el niño descalzo que iba poblando de travesuras las esquinas del barrio, soy -acaso- un destello tardío y triste de pasos cotidianos. Ya no existe placer en ser mayor; la prosperidad, la felicidad y la comodida se escapa (cada tanto) y se disfraza de dinero. Golpear la realidad con simulaciones de ...

Ser Madrugada

Hay detalles tan dulces y tiernos que te hacen ser madrugada. Sin querer ando pensando en tus pasos, sin querer te nombro y tu nombre adquiere peso, sin querer te estoy queriendo. Existe una mañana de domingo en nuestras manos, incógnita y furtiva. Con silencios prohibidos, con un viaje sin calendario de amantes a destiempo y besos apretados. Lejana y diáfana es tu imagen que viene a sembrar la noche con versos y poemas rotos, imagen (de por sí) ajena y siempre dispuesta a la fuga. Hace días vengo midiendo el tiempo de la espera y no se me ocurre otra medida que las madrugadas en las que te espero despierto, espiando tu memoria, besando tu imagen para que te despiertes y vengas a reclamarte en mis brazos. Por eso eres madrugada; porque no estas. Ya después aprenderás a ser el alba y a caminar despacio por mi acera de desvelos.