Yo nunca he sabido procesar tus besos; llenarme los labios para soportar tu ausencia. Calmar el silencio que llena tu partida, cuando en soledad mi alma busca tu mirada.
No he sabido habitar en los pasillos y derramar la luz que nos envuelve.
Llegas cansada a mis brazos, que le devuelven hastio e inviernos.
Y verás en mi las simas de un corazón mutilado, sembrado de penas.
Y no se me ocurre que decir,
¡Cerrar la puerta y abrir el corazón! Tocará hacerse fuerte.
De este silencio angustioso, de estos pasos sin destino, de este letargo de años amargos e impropios. De este viaje a los cementerios, de estos dos que fueron tormenta. Del vinagre y las canciones, de las caricias y los parques. De las noches y las camas, de los otoños y las manos; de las palabras y los rincones. De los ceniceros obesos y las cigüeñas con prisas. De las miradas discretas y los portones con letreros "Cuidado; perro bravo". De las cicatrices de la memoria y los deseos nocturnos. Del frío de los inviernos; de los recuerdos equivocados y las partituras fúnebres. Escapar a toda marcha, sin besos de despedida. Sin despueses, ni regresos.
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