Otro engaño. Cuando te espere no viniste a verme, ahora que vienes no me esperes; que llego tarde.
Es el otoño un árbol enraizado en este invierno, son tus besos una fábrica de nostalgias.
El perdón es lo que queda cuando la memoria olvida el olvido y cuando mis labios dejan de buscar tu nombre en otras bocas.
Ya mis zapatos están rotos y gastados; porque como dice el tango, se cuidan solo cuando se anda de rodillas. Y fue de pie que libre esta batalla.
¿Perdón? Aquí lo tienes; no viene está vez de simulacro, ni busca redemirte con poemas, ni busca, porque no encuentra, motivos para odiarte.
Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado. Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.
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