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Extravíos

Cuando era niño soñaba con la adultez, ningún rastro de las penurias venideras encontrasen en mi ser. Uno idealiza ser mayor con la prosperidad, la felicidad y la comodidad de días alejados de las ordenes funestas. Se piensa que nada regirá la forma de ser, de vestirse, de cortarse el cabello, de atarse los cordones de los zapatos. Se afana la idea de ser libre.

Dulces recuerdos importa mi mente de aquellos días, en los que andar descalzo en la calle resultaba el mayor acto de desobediencia concebible. Duro golpe es saber que aquello no era más que el acto natural de la humanidad de saciar la sed de estar en contra de la autoridad.

Pero ya no soy el niño descalzo que iba poblando de travesuras las esquinas del barrio, soy -acaso- un destello tardío y triste de pasos cotidianos. Ya no existe placer en ser mayor; la prosperidad, la felicidad y la comodida se escapa (cada tanto) y se disfraza de dinero. Golpear la realidad con simulaciones de infantiles gestos es una mala opción. Ahora el cielo está repleto de  costumbres, que día a día van moldeando odios y desatinos; hay que instalarse en la memoria y llenarse de mentiras para respirar sin quejo.

El tiempo ha sabido aferrarse en los ojos, cada día increpo que lo único que los años atesoran son acumulaciones de cosas perdidas. La niñez, la alegria, las tardes, los amores, las miradas, la belleza. Todo se aglomera en extravíos.

Comentarios

  1. ¡Como desearía! Dormir, a pierna suelta,invadida por olvidados sueños,correr de un lado al otro, sin sentido,vivir, inquieta, en un no parar.¡Sería bonito!jugar a ser cualquiera,con tan solo tu imaginación,creérmelo todo, a pie juntillas,con bendita inocencia.¡Maravilloso volver a ser niña...

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Escapar

De este silencio angustioso, de estos pasos sin destino, de este letargo de años amargos e impropios. De este viaje a los cementerios, de estos dos que fueron tormenta. Del vinagre y las canciones, de las caricias y los parques. De las noches y las camas, de los otoños y las manos; de las palabras y los rincones. De los ceniceros obesos y las cigüeñas con prisas. De las miradas discretas y los portones con letreros "Cuidado; perro bravo". De las cicatrices de la memoria y los deseos nocturnos. Del frío de los inviernos; de los recuerdos equivocados y las partituras fúnebres. Escapar a toda marcha, sin besos de despedida. Sin despueses, ni regresos.

Vení

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Identidades

Desconozco la fuerza con la que me llevas al abismo, desconozco mi nombre y el pasado.  Estoy parado a mitad de la vida, queriendo saber que nuevo nombre le pondrás al recuerdo; que otra boca sabrá de mis labios, que otros ojos conocerán mis sueños, que hechizo matinal abrirá la tumba de todos mis males. Nuestra identidad ha caído en su decadencia final, y no hay botes salvavidas en este barco. El vaho de los inviernos de la década doliente se ha infiltrado en las manos, en las cicatrices, en las promesas, en las madrugadas.